jueves, 23 de enero de 2014

Karma

KARMA



1: TSAY

Fallo en circuito 9919.

    1
    Levantó la cabeza y solamente vio negro. Sus ojos se fueron abriendo lentamente, adaptándose poco a poco a la oscuridad. Sus sentidos se desperezaron tímidamente y su nariz captó un ligero olor a menta. Sus labios agrietados intentaron  un perezoso movimiento, hallándose incapaces de hacer nada. En sus oídos se coló un susurro de agua corriendo, tenía que moverse. Con un esfuerzo enorme consiguió empezar a caminar, sus pies seguían a sus oídos, y sus oídos seguían aquel dulce sonido de agua.

    Mientras avanzaba empezó a observar el paisaje; un desierto vacío donde sólo unos cactus deformes acompañaban al muchacho. El sonido del agua resultó mucho más tentador ahora, su sed se acrecentó y apresuró el paso hacia aquel preciado bien. Cuando el sonido aumentó, buscó desesperado detrás de cada piedra y de cada cactus, y detrás de una pequeña duna  encontró la fuente de agua perdida  en aquel solitario desierto. Childe retrocedió sorprendido al descubrir que el agua circulaba en un círculo perfecto que parecía eternamente profundo. Alargó su mano para tocar el agua cuando una voz grave inundó su cabeza.

OUROBOROS

    Y Childe corrió. Su sed quedó sustituida por un primitivo instinto de supervivencia, comenzó a sudar por cada uno de los poros de su cuerpo y continuó su carrera hasta que las piernas le ardieron terriblemente. Cuando sus extremidades dejaron de responderle miró hacia el frente, ningún peligro a la vista. Inmediatamente su cerebro mandó la orden descansar a través de su sistema nervioso y el muchacho cayó exhausto en el suelo. Consiguió ponerse en posición fetal y cerró los ojos. Descansó en esta postura menos de un momento, y cuando abrió los ojos de nuevo alcanzó a ver un gran hormiguero a dos metros de su mano derecha; pudo observar, incluso tumbado, las largas filas de pequeñas hormigas, siempre juntas y con un único objetivo: llevar recursos al hormiguero.

    Un desagradable escalofrío recorrió a Childe, sus pelos se erizaron, sabía que algo no iba bien.  Algunas hormigas se desviaban levemente de su camino y pronto regresaban a su posición; las más osadas simplemente se desviaban un mínimo de su ruta principal y continuaban por una paralela a esta, por la izquierda o la derecha, no obstante el final de su camino era siempre el mismo. Pero Childe observó con horror que las hormigas que dejaban completamente su camino ardían furiosamente, quemadas por un fuego invisible. Sus efímeras rebeldías acababan con un angustioso lamento, una interminable agonía de patas que luchan por seguir avanzando, pero el resultado no cambiaba.

MOOKI

    Aquella visión asoló a Childe, desde ese momento ya no volvería a ser el mismo. Haciendo un gran esfuerzo se levantó y caminó sin rumbo, solamente obedeciendo a sus pies.


    A mitad de camino, fue interrumpido por la macabra visión de un mono. El animal alzó la cabeza y miró fijamente al muchacho, sonriendo lascivamente. Fueron pocos los segundos que duró esta situación, pero pasaron eternos ante los ojos de Childe. El mono desechó la idea de curiosear con extraños y regresó a su tarea con un bulto mucho más familiar. Una silueta que parecía un cadaver de otro primate asomaba por detrás. Nuestro antecesor número uno cogió un hueso enorme, seguramente el fémur de algún mamífero grande, y lo blandió por encima de su cabeza. Childe se preparó para recibir un golpe, cerró los ojos y protegió su cara con sus brazos, pero el golpe no lo recibió el. El mazazo del mono fue directo al cráneo de su compañero primate, salpicando trozos de cerebro y sangre por todas partes. Continuó su tarea sin esfuerzo y a conciencia hasta que en los ojos negros y temblorosos de un chico de 15 años se reflejó la imagen de una masa de carne sanguinolenta y putrefacta. A Childe se le empezaron a revolver las tripas, Childe está petrificado.

    Childe despierta...

    2
    ¿Qué hora era?... Levantó la cabeza con un esfuerzo titánico y sus ojos casi se le salen de las órbitas:
¡JODER LAS 6:30! ¡Debería estar despierto desde hace dos horas! El corazón le latió desbocado, sus pulmones se inflaban de aire para deshincharse rápidamente, sus pupilas se dilataron, una manga por aquí, ¡oh dios mío! ¡¡pantalones!! Childe recorría como un huracán la habitación, revolviéndolo todo mientras se vestía poco a poco. Cuando por fin estuvo listo, recogió su mochila y salió de su casa a toda prisa (ya desayunaría en el descanso de las 12). Bajó corriendo  doce plantas, y el último tramo de escaleras lo utilizó para recuperar algo de aliento, pues necesitaría estar lleno de energía para la mañana que le esperaba. Había autobuses cada 5 minutos a las zonas de trabajo; a las zonas de recreo los había cada dos horas, esto nunca se le había hecho raro a Childe y no tenía por qué extrañarle ahora. Llegó a la parada en el mismo instante en el que un bus estaba acercándose. ¡Qué suerte! Aún podría llegar a clase de Desmotivación. Ojalá nadie se diera cuenta de su ausencia, pero él mismo sabía con certeza que eso no era así, sin ser verdaderamente consciente lo sabía, estaban 24h monitorizados, quedando constancia de cada uno de sus movimientos; pero claro, se trataba sólo de un bobo sentimiento que únicamente permanecía en su flujo de pensamientos unos segundos al mes. 

    Subió al autobús y saludó jovialmente al autobusero, un tipo negro de mediana edad, perfectamente pulcro y con un vistoso uniforme blanco; éste a su vez respondió al saludo con una forzada sonrisa...
¿Ha sido acaso forzada? - pensó Childe, descubriendo poco a poco que el mundo que él creía conocer tenía aun muchos misterios guardados. Se supone que desde la Guerra Albina en 2910 los negros ya no guardaban rencor hacia los blancos, después de todo se les permitió vivir, siempre y cuando sus puestos fueran inferiores a los blancos y llevaran trajes blancos, al fin y al cabo el blanco representa lo bueno y el negro lo malo,.. ¿o acaso no era así? ¿Cómo y cuándo se decidió eso? ¿Qué sentirían los negros? ¿Tendrían los mismos sentimientos que blancos? Un doloroso escalofrío recorrió la mano derecha de Childe y éste olvidó por completo ese dilema tan intrigante.

    Se sentó en los asientos de la izquierda, pegado a una ventana, miró por ella mientras el autobús arrancaba y vio a los árboles agitar sus ramas, observó las copas moverse al son del viento, se deleitó con la visión de las hojas cayendo, formando enormes y traviesas espirales. ¿Qué le fascinaba tanto de aquello? Se percató de que nunca antes había mirado por la ventana, ya que los autobuses estaban equipados con pantallas individuales donde podías ver el Balsit Show y WRL News, los mejores (y únicos) canales de televisión. Miró alrededor y observó a los demás tripulantes del vehículo, todos ellos yacían en sus cómodas butacas, con la mirada perdida en algún punto de aquella incansable pantalla, se veían delgados y con grandes ojeras (la última moda desde hace 200 años), todo parecía normal.

    Aleatorias ráfagas de pensamientos abrumaron a Childe durante todo su trayecto al colegio, esferas que se separaban, colores que danzaban sin control alguno, una luz aterradora y a la vez bella, un diecinueve, una fregona...

    Próxima parada: Karma Kollege.

    Agita la cabeza para ordenar sus pensamientos, ¿Pero qué le pasa?.
Baja a toda prisa del bus y se dirige corriendo a la entrada principal, el edificio es imponente, algunos dirían que mastodóntico, está rodeado de grandes muros(para su protección por supuesto) grises que ocultaban el cielo (también de un tono grisáceo, lo normal). Su clase está en la sección 4 corredor 2 aula 28, asique Childe corre fugaz hacía allí, los pasillos están completamente desiertos (obviamente, puesto que es horario de clases), el silencio sepulcral es sustituido por el ruido de unas pisadas agitadas. Llega a la puerta con el corazón a mil, agarra el pomo, llama a la puerta, respira... y entra.

    3
    Al abrir la puerta un olor a limpio lo embriagó, pero lejos de resultar agradable, se tornó dañino y hostil en su nariz. Tuvo que contener la respiración para no dar un paso hacia atrás. Se relajó de nuevo y caminó hacia el interior.

    Su clase no era gran cosa, un aula rectangular de unos 300m2 donde los pupitres se alineaban cual soldados antes de la batalla. Estas mesas estaban divididas en un esquema de 19 x 28, repartidas simétricamente por todo el espacio. El profesor se hallaba de pie en un pequeño estrado que ocupaba toda una pared de largo y 3 metros de ancho, señalando animosamente un mapa con una vara metálica; en el mismo instante en que Childe puso un pie en el aula, el Sr. Pompas giró su cabeza rápidamente y fulminó al muchacho con una severa mirada.
-'¿Cuál es el motivo de su retraso?'- inquirió el Sr. Pompas.
 -'Me quedé dormido, señoría'- respondió fugazmente Childe.
-¿Cómo fue eso posible?- la duda en el profesor se acrecentó, y sus ojos brillaron intensamente, aunque Childe no fue capaz de notarlo.
-'El despertador se debió de averiar, señoría'-. El muchacho sintió otra vez un duro escalofrío, pero consiguió acumular fuerzas suficientes para no
exteriorizarlo, algo le decía que no era seguro...
-'Aha, vaya a su puesto y déjenos continuar la clase' -finalizó el Sr. Pompas; pero nuestro viejo, ojeroso, calvo y rechoncho profesor movió uno de sus
 desagradables dedos por debajo de la mesa y apretó un botón, nadie lo notó.

    Con una angustia creciente en el cuerpo, Childe comenzó a avanzar quejumbrosamente hacia su puesto ('su celda' pensó), sutiles susurros aparecieron lamiéndole los oídos, voces solas y apagadas ('voces de muerto' dictaminó su razón), las tripas del muchacho se encogen, ¿qué le pasa hoy? ¿Acaso está enfermo? Preguntas sin todavía respuesta taladran la moldeable y vacía mente de Childe, tiene que apartar esos pensamientos o podría acabar en la sala del Alcaide si el profesor llegara a notar otra vez algo inusual en su comportamiento, ¿acaso podría haber avisado el Sr. Pompas ya al Alcaide? Preguntas como esa sólo conseguirían minar su ánimo y eso no se lo puede permitir, se sienta como puede en su puesto, un pupitre metálico de corte cuadrado (aunque pudiera ser feo y nada vistoso, el asiento de su puesto estaba diseñado personalmente de acuerdo con su cuerpo, y además con una tasa de fallo del 0,0001%), y comienza a atender.

    4
    La clase que da el Sr. Pompas es una clase de historia de Karma:

    Desde que se instauró el orden en el 2301 con la gloriosa Revolución Celestial, el mundo ha vivido en armoniosa paz, una paz que debería haber permanecido interrumpida, pero tristemente en dos ocasiones esta frágil recompensa nos fue arrebatada. La clase de hoy trata del primer intento de privar al mundo de su libertad. 2500 es el año que figura en los registros como el año en que la última resistencia al gran Defensor fue destruida, aquellos miserables terroristas intentaron cometer el mayor golpe jamás pensado para destruir nuestra preciada libertad, pero fracasaron, un infiltrado en sus filas consiguió revelar información a nuestras brillantes tropas, que emboscaron con verdadero valor al último batallón de resistencia.

    Ahora por favor, mirad a vuestros televisores personales y veréis una simulación en realidad virtual de cómo nuestros valientes soldados derrotaron al cruel enemigo en una gloriosa batalla:

Los alumnos de la clase 28 miran al televisor con ojos vacíos (ojos de muerto), sus pupilas se expanden y entran en la realidad virtual. Se ven suspendidos a unos 4 metros del aire, pudiendo observar a sus pies a los bravos(y escondidos) soldados luchando contra los salvajes, con deformidades en el rostro(y traicionados) y totalmente incautos ante lo que vendría a continuación. Si se prestaba atención a la simulación, los salvajes charlaban alegremente sobre destripar bebés, ofrecerlos en sacrificio a dioses arcanos y después comérselos. Los niños continuaron alelados por la batalla, mientras una voz les explicaba lo gloriosa, excelsa, magnífica que había sido, la importancia de esa batalla para conservar la libertad que ahora poseían, porque ahora eran libres.

    5
    Las horas restantes de clase fueron tediosas e insufribles. Sus cruentas guerras fueron pasando frente a sus ojos, haciendo realidad un dolor casi palpable. Cuando fue a comer al comedor todo le supo vacío, todo le parecía podrido. ¿Cómo había sido capaz de haber estado comiendo esa mierda durante tanto tiempo? Miró con cara de asco a sus compañeros, estos masticaban aquel mejunje asqueroso casi al unísono, formando extraños silencios cada vez que masticaban, la visión le repugnó y claramente compungido preguntó: ¿En serio os gusta esto? Y la respuesta fue un manso balido (esta vez sí) al unísono que pretendía decir SI.(Y la respuesta fue una leve y mísera reacción de incertidumbre, nadie parecía siquiera oírle) .

    Dejó el tenedor en la mesa y se levantó. Andó tranquilamente hasta la puerta del baño, cuando cogió el pomo su estómago se contrajo produciendo un intenso dolor, pero Childe permaneció en calma.

    Uno de los cuatro guardias(extrañamente armados) situados en las cuatro esquinas del Gran Comedor presionó levemente un botón situado en el antebrazo. Nadie pudo haberlo notado.

    El baño se tornó un sitio angosto y maltrecho ante los ojos de Childe; si bien el inodoro relucía y el lavabo parecía recién estrenado, un horripilante sentimiento le invadió. También echó de menos el espejo del baño de su casa; cada casa podía tener un único espejo y sólo podían mirarse en él 10 minutos al día. Todo estaba perfectamente controlado, pues los espejos dejarían de reflejar una vez se agotara el tiempo. Siempre que contemplaba su reflejo se sentía bien.

    De pronto una arcada le subió hasta la garganta y el vómito consiguió proyectarse hacia el inodoro. Casi todo cayó dentro, pero ese casi fue suficiente para que el baño tuviera vómito a medio digerir por el setenta por ciento del suelo. Se limpió la cara y se enjuagó la boca. Salió intentando mantener la cabeza alta, le suponía un gran esfuerzo, le daba vueltas todo. Childe sabía que tenía que aparentar normalidad, no sabía la razón, pero este sentimiento cada vez se hacía más urgente. 'Algo va mal, y si ellos se dan cuenta puede pasar algo malo'. Volvió a su sitio y empezó a comer: introdujo una cucharada en su boca 'Sabe a mierda' otra cucharada 'Está podrido' chuchara-boca...

    Cuando el plato estuvo vacío extrañamente childe se sintió bien, ¿Cómo puede ser que comiendo ESO me pueda sentir mejor? Una lágrima rodó por la mejilla del muchacho y éste tuvo que hacer acopio de todas sus fuerzas para no llorar. Se sintió triste, lo más triste que se ha sentido en toda su vida. Childe sabe que algo malo pasará: una imagen de un cable que se vuelve a conectar, una gorra blanca cubierta de sangre y un oscuro abismo rodeado de criaturas de pesadilla. Childe no ve ningún significado, ninguna conexión. Su frente comienza a palpitar y le aborda un terrible dolor de cabeza.

01010000 01110010 01101111 01110100 01101111 01100011 01101111 01101100 01101111 00100000 01001101 01101111 01101110 01100001 01110010 01100011 01100001 00100000 01000001 01100011 01110100 01101001 01110110 01100001 01100100 01101111 00111010 00100000 01100011 01101111 01100100 01101001 01100111 01101111 00100000 00110001 00111001

aparece grabado a fuego en su mente. Después... sólo negro.

    6
    Childe se encuentra en la clase del señor Pompas, mira alrededor y todo parece normal. ¿Acaso habrá sido todo un sueño? Childe desechó la idea de
inmediato cuando sus ojos se clavaron en la fecha que estaba escrita en la pizarra: 5/Sep/3013. Ayer fue 4, y él lo sabía perfectamente, pues en los
días pares siempre llevaba sus calcetines grises. ¿Qué habrá pasado?

    La clase del señor Pompas era de historia, y en las siguientes tres horas deleitó a sus alumnos con los últimos detalles de la purga de 2505, cuando sólo los fieles a la Gran Causa salieron con vida. La hora de comer pasó volando y con olor a heces.

    Los días impares Childe siempre volvía de clase con su compañero Bobo; siempre era agradable charlar con alguien y Bobo era alguien muy gracioso. Cuando sonó el timbre salió de clase y esperó pacientemente en el pasillo a Bobo, pues éste siempre acostumbraba a retrasarse.

    Childe vio al fondo del pasillo la cabeza de Bobo por encima de las demás, el compañero del muchacho a pesar de tener apenas 15 años medía casi dos metros, y a pesar de su descomunal tamaño, Bobo era manso como una oveja. Childe conoció a Bobo el primer año que fue al colegio, debía de tener 3 años por aquel entonces y hasta el día de hoy Childe y Bobo habían sido amigos. En el colegio era importante buscar un compañero, y desde una tierna edad elegíamos** ('se nos obligaba a elegir') a nuestro amigo. Este amigo nos acompañaría el resto de nuestros años de estudios, pasaremos con él 17 años de nuestras vidas. Las funciones que tenía un amigo(o compañero) eran bien sencillas: mantener conversaciones formales al menos una vez al día  y volver acompañando a tu compañero a casa. Gracias a los Antiguos que Childe escogió a Bobo, pues este poseía un gran don para hacer sonreír a la gente, y al pensar más fríamente en esto Childe concluyó que la gente de Karma no sonreía demasiado; sonreían a veces sí, pero sólo con la boca dejando sus ojos muertos.

    7
    Cuando Bobo llegó a su altura soltó un particular bufido (que significa que estaba listo) y comenzaron a andar al compás.
El camino a casa de Childe era en línea recta y tardaría 20 minutos, pero ir andando con Bobo le encantaba. Mientras andaban Bobo hacía imitaciones de sus compañeros, las hacía idénticas, su voz fue cambiando entre mil tonalidades distintas para al fin acabar en una enorme carcajada, los dos rieronalegremente, y mientras reían Childe pensó en la vez que Bobo imitó a un profesor, en cómo ahora siete profundas cicatrices estaban dibujadas en la espalda de Bobo. Nunca dijo qué pasó, nunca nos lo preguntamos, ¿cómo pudo haber sido tan evidente y que no le hayan dado importancia? Pero.. si se hubiera conocido la razón, ¿habría cambiado algo? Childe se sintió repugnado al tener la certeza de que no, ¿habría más cosas ocultas de alguna aterradora manera a nuestros ojos? Cada vez que formulaba una pregunta la respuesta resultaba evidente... el dolor de cabeza regresó, pero justo en ese instante Bobo le tocó el hombro. Éste le miraba con cara de no saber lo que está pasando y de repente Childe se dio cuenta que estaba en cuclillas.

    Levantó la cabeza como despertando de un sueño, mandó la orden "levanta" a todos los músculos de su cuerpo, que tardó cinco segundos en responder. Miró a Bobo, y este le miraba con ojos tristes, pero su boca permanecía inmóvil en una posición de indiferencia. 'Sigamos' terció Childe, y continuaron caminando por aquella gran ciudad que era Karma. Bastos edificios eclipsaban el sol retorciéndose de manera estrambótica, grandes carreteras donde sólo circulaban autobuses o ricos. Los autobuses estaban equipados con la última tecnología y permitía continuar viendo la tele hasta moviendose por la ciudad; miraras a donde miraras siempre habría un monitor, o una televisión (o una cámara...). A la vuelta Childe nunca tomaba el autobús, pues la casa de Bobo distaba mucho de la parada y no quería que su amigo se desviara más de lo necesario. Continuaron caminando, pero esta vez un silencio sepulcral los acompañó;
nunca antes había sentido un silencio tan incómodo, es como si en su cabeza siempre hubiera habido un leve murmullo que nublaba todos sus sentidos...

    Esta vez Childe rompió a llorar sin ningún tipo de capacidad para impedirlo, echó a correr, Bobo le intentó agarrar del brazo, pero lo hizo de forma perezosa y Childe no tuvo problemas en esquivarlo. Las lágrimas rodaron por sus mejillas sintiendo fríos cortes allí por donde pasaban...

¿QUÉ COÑO PASA?
 ¿QUÉ COJONES PASA?

    Estos pensamientos aceleraron el corazón de Childe, mientras corría por las (apestosas) calles pudo ver varias personas moviendo los ojos vagamente para ver lo que sucedía, pero ninguno de ellos prestó a esto mas de dos segundos de atención; o eso creía el, pues un droide de la KP notó un movimiento inusual y levemente apretó un botón oculto en su antebrazo, nadie pudo notarlo (nunca querrían).

    Cuando por fin llegó a su casa el pecho de Childe subía y bajaba a un ritmo frenético.

    8
    Abrió la puerta con una mano temblorosa; sus padres le estarían esperando para cenar en su Gran Comedor, un lugar antes diáfano y vespertino, donde ahora sólo queda un espacio lúgubre donde dos sonrientes cadáveres le esperaban en la mesa. Un incontrolabe sentimiento de repulsión golpeó a Childe inesperadamente, su cuerpo se tornó pétreo, no pudo mover un sólo músculo. Se había quedado parado a medio camino de la mesa y con la mirada vacía, clavada en algún rincón oculto a las mentes que están dormidas, la cena consistía (como de costumbre) en una jugosa y apetitosa pata de cordero, pero esta ya se hallaba cortada perfectamente y repartida milimétricamente(y jerárquicamente claro, el padre siempre tendría su milímetro más de carne-pensó-¿Se creen que no nos damos cuenta?-rabia contenida surgió de las mas oscuras profundidades de su corazón, disumula), dejando un hueso alargado en el centro de la mesa.  


    Todo se tornó frenético, una arcada azotó con violencia extrema al chico que permanecía inmóvil en medio de una sala llena de cadáveres y mierda; vomitó, y sus bilis se mezclaron con una alfombra que cada vez era más mullida, cayó de rodillas y se hundió en el charco de sangre y lodo que manaba del suelo.

    Sus padres se acercaron a el pausadamente, con ojos ligeramente preocupados pero con una gran sonrisa en la boca. Esta visión se sintió como una lanza de hierro que le atravesó el corazón.

-'Te encuentras bien, (pausa) hijo' Preguntó su padre carente de emoción alguna.

Childe levantó la cabeza y observó a su padre; era un hombre alto y delgado, de tez mortecina y ojos grises como no los Childe(pero no así de vacíos...); ojos casi idénticos que se encontraban y eran incapaces de comunicarse o entenderse. Childe experimentó nuevamente un sentimiento de soledad devastador.

-'No, Padre. Algo debe de haberme revuelto'-mintió Childe, no mintió de forma premeditada, él supo que tenía que mentir.

    Una palanquita hizo un leve clic, inaudible en la habitación pero rugiendo como mil demonios en algún lugar oculto.

    Childe se recompuso como pudo y miró a su madre solamente para descubrir los mismos ojos vacíos de los que eran dueños los habitantes de Karma. Estos pensamientos arrojaron a un estado de delirio y frustración, un súbito impulso de supervivencia le arrojó a correr alocadamente hacia su cuarto mientras luchaba por no vomitar otra vez. Unos sonidos agudos y estridentes se fueron haciendo cada vez más dolorosos en los oídos de Childe, su mente se tornó animal y sus músculos se tensaron hasta límites inexpugnables... 

    Cayó fulminado en medio del pasillo, sin escapatoria, sin remordimientos, sin escrúpulos, sin conciencia; y mientras se precipitaba hacia el abismo sólo pudo observar el negro...




CAPITULO 2: QASTI

9
Childe se despertó desnudo e inmaculado de rodillas postrado frente a un altar de un dios hace tiempo ya olvidado. La voces hacían eco en su cabeza recitando palabras oscuras y poderosas, su mente aguardaba paciente el momento de despertar... necesitaba sumergirse aún más.

...

    Después de lo que parecieron mil años Childe se encontró caminando solitario por una carretera perdida de algún mundo olvidado, la tierra y la roca dominaban todo cuanto alcanzaba a ver el muchacho y solamente unos cactus desterraraban la soledad de aquellos cruentos parajes. Todo aquello resultó en cierto modo familiar al muchacho, lo recordaba vagamente, como si todo hubiera sido un sueño hace tiempo oscurecido por el tiempo. A lo lejos  se podían divisar grandes llanuras desiertas y montañas mastodónticas, pero por ningún lado signos de vida humana... Espantó estos pensamientos con la pisada veloz de sus zapatos de instituto y se concentró en caminar, pues no parecía haber otra alternativa más favorable.

    Caminó durante horas que le parecieron días, en ningún momento sintió necesidad biológica alguna, hambre, sueño, sed... nada, simplemente el mero impulso de seguir caminando, pero algo en la cabeza de Childe le susurraba que algo iba mal. Después de veinte minutos de incertidumbre y paranoia observó en el suelo unas extrañas pisadas, azotado por la alegría del descubrimiento corrió en pos de investigar una nueva pista que le podría conducir a ver a otro ser humano. Su corazón empezó a latir como una locomotora furiosa, pero casi se detiene por completo al descubrir y reconocer, con cierto sentimiento de verguenza, que aquellas huellas eran las suyas propias. La decepción se adueñó de su mente y gritó:

¿DONDE COÑO ESTOY?! ¿QUE ES TODO ESTO?!!

    Siguió gritando hasta convertir su voz en un gruñido animal y sólo entonces alcanzó a escuchar un leve sonido... sonaba como agua corriendo...OUROBOROS ... Sin poder resisirse, su cuerpo salió proyectado en dirección a aquel misterioso sonido, algo muy dentro de el le apremiaba a correr, aunque fuera lo último que hiciera nunca jamás, y casualmente mientras corría se fijó en un cactus que le resultaba familiar... (ven aquí) ... ¿Qué esperaba encontrar Childe?¿ Agua? Él ya sabía que la habría, pero otra vez algo muy dentro de el le susurraba "Hay alguien". ¿Debería de sentir miedo o alegría?¿Donde estaba exactamente y como podía decidir si sus habitantes no mataban por diversión o eran caníbales? Un miedo enorme se apoderó de su cuerpo, y en su mente una voz con cierto toque robótico le recoraba "No vayas, te hará daño". ¿Acaso se estaba volviendo loco? Antes de que su mente pudiera reaccionar su cuerpo se abalanzó hacia la fuente del sonido y también hacia el supuesto ser humano que esperaba alli.

    Lo primero que vió detras del cactus fue un círculo de agua y a un hombre, cuarentón al parecer, con una gran perilla negra y rasgos cuadrados, no pudo ver mucho pues se tapaba con una especie de sombrero (¿Quién utilizaba sombrero en aquella época? Era obvio que los KP lo confiscaría por obstrucción a la identidad...).

'Hola Childe'- pronunció con voz grave y serena - 'Mi nombre es David Fium'.

En lo que pareció un instante aquella figura ya no estaba. ¿Acaso había sido una mala jugada de su imaginación? Childe no lo pensaba, ¿pero aun asi, qué había pasado?. Se acerco lentamente al círculo de agua, algo cautivadoramente bello le atrapó, y que podía haber más bello allí que un círculo perfecto de agua. Paso largo rato dejando sus ojos fluir con el agua, y al cabo del tiempo una pregunta resonó en su cabeza con un ímpetu abrasador: ¿qué es real?
    Entonces Childe recordó su clase de historia con el señor Pompas, recordó las caras de los "asesinos", los "terroristas", esas caras bañadas en sangre y con muecas de dolor, esas caras con pasados no escritos que se perdieron en el campo de batalla... ¿Y si hubieran ganado ellos? ¿seríamos nostros los asesinos y los terroristas?
Childe retrocedió un paso asustado por su reciente revelación, y casi se cae de bruces al escuchar de nuevo una voz grave y profunda, pues David Fium reposaba sentado en el lugar en el que había estado sentado momentos antes (¿o habían pasado tres días?):

    ¿Quién escribe la historia? Los vencedores escriben la historia y los perdedores se llevan la verdad con ellos a sus tumbas. Busca la verdad. -dijo

    Unos tentáculos aparecidos de la nada agarraron a Childe, apresando brazos y piernas, dejándolo completamente inmovilizado e introduciéndole en el círculo de agua violentamente. El muchacho miró con terror al señor curtido que tenía de nombre David Fium (curioso nombre) y descubrió que sus labios formaban una sonrisa, y justo antes de ser succionado por completo alcanzó a escuchar algo que creyó entender como:

Buen Viaje.



un pequeño pueblo ostentaba el privilegio de ocupar el centro mismo del valle. En este pueblo los aldeanos constituían un variopinto grupo de animales y humanos, paseaban felices por sus iluminadas calles, pero eso sólo era un reflejo, pues lo que ahora observaba era un pueblo hostil y oscuro, donde los habitantes se escondían en sus casas y en el bar era costumbre discutir.

¿Y quién en el asesino entonces? Sin duda alguna el el pequeño Pollito.-terció una iguana escondida en un rincón.
¿Pero tu estas mal de la cabeza?, no te atrevas a insultar a un animal tan dócil y pacifico. -replicó el dueño del bar, un enorme rinoceronte negro.
Tiene que ser un humano, en el reino animal no se dan muestras de semejante lujuria en la sangre.- razonó un viejo búho sentado en un rincón de la barra.
¿Y por qué no una serpiente traicionera? ¿O un lobo rabioso?- vociferó un humano desde el centro del bar.
¿O a lo mejor eres tú? Siempre intentando dirigir las culpas hacia otros.-replicó el pianista, que también era un primate, un enorme babuino.
¿¡Como te atreves mono asqueroso?-

    La sangre corrió por el suelo del bar aquella noche, y fue derramada por los monstruos que se protegían de otro monstruo, ¿quién fue el verdadero monstruo?¿Acaso todos tenemos uno dentro?
   
    Pero esa noche también se derramó sangre en otra parte. En una casa cualquiera de aquel antes pacífico pueblecito en medio de un valle encantador, yacían los miembros cercenados de la familia que antes cenaba tranquilamente en su salón, la familia que había estado aterrada por una muerte por venir y aun así intentaba mantener la normalidad, enseñar a sus hijos matemáticas y lengua, trabajar duro; la familia de cuyos sueños y aspiraciones ya no queda nada, pues un alma cruel esparció los pedacitos de vida de cada uno de los miembros de aquella mutilada familia por un apartamento antes alegre, y ahora oscuro, muy oscuro.


    La policía del lugar, unos descerebrados corpulentos manejados por el alcalde (El gran Gallo) , nunca consiguieron acertar en los 19 intentos de captura por chivatazo y ejecución inmediata, pues los asesinatos se seguían produciendo, y cada vez se tornaban más violentos los escenarios del crimen, sueños rotos bañados en sangre y lagrimas, aspiraciones, secretos perdidos, y sobretodo la identidad del asesino perdida en el último estertor de sus víctimas, pues este es voraz y no deja huella ni supervivientes. Cuando estuvieron a punto de acabarse las familias en aquel pueblo antes oscuro y cerrado y ahora devastado y sangriento hubo un periodo de calma de 2 años, en los cuales se intentó averiguar por todos los medios. Nadie se atrevía a mencionar a Pollito, pues si se hacía al día siguiente desaparecerías por intento de conspiración contra el hijo del alcalde (o eso se quisieron creer, pues nadie dijo nunca nada), asi que los sospechosos más claros quedaron repartidos entre los humanos y las serpientes restantes. Hubo quejas y revueltas, ¿Por qué nosotros?, ser serpiente no es ser asesino.

¿Un cerdo no puede matar? rezaban sus pancartas. El alcalde tuvo que apaciguar las revueltas, pero cuantas más apaciguaba más grupos con pancartas de Pollito Asesino aparecían. Cuando la situación fue insostenible el Gran Gallo apretó un botón. Al día siguiente todo ser viviente participante en alguna de las manifestaciones simplemente desapareció. En 10 lustros el pueblo se repobló y ocurrió el primer asesinato. ¿Quién habrá podido ser? se preguntaban impactados los nuevos habitantes de aquel pueblo antes devastado y sangriento y ahora brillante y feliz, teñido por la sangre de la primera familia de este ciclo.

    En ese momento Childe entró en el pueblo, pues había estado observando en un estado hipnótico el pueblo desde todas las perspectivas posibles durante más de 100 años, y nada había cambiado. Camino con decisión hacia la casa del alcalde, y raudo y veloz se dirigió hacia la habitación del Pollito. Lo encontró sentado en una silla cubierto de sangre,
-¿Por qué lo hiciste?¿Por qué tantas muertes, tanto sufrimiento, tanta sangre? Inquirió Childe con rabia
-¿Y por qué no? respondió el Pollito con la voz más gélida que Childe había escuchado nunca.

    Acto seguido el Pollito cogió un cuchillo y trazó una linea horizontal perfecta a la altura de su cuello y hundiéndolo suavemente en él. La sangre manaba como si fuera zumo de tomate y mientras su cuerpo se iba volviendo blanco e inerte su sonrisa se iba haciendo cada vez más pronunciada. No hay castigo, no hay remordimientos, sólo queda el mal.

10
    Lágrimas amargas ocultaron a Childe como su escenario cambiaba, pues ahora yacía lloriqueando en una roca al lado de un camino en medio del desierto. Por suerte para el se acercaba gente.


    Lucían botas desgastadas y ropajes claramente antiguos. Un grupo compuesto por 3 personas se acercaba a Childe relajadamente. Un hombre sujetando a otro hombre esposado y un niño caminaban sin percatarse de la presencia del muchacho. Cuando ya estuvieron a escasos metros del inevitable encuentro, le observaron por primera vez con una curiosidad pasmosa.


-'Hola'- saludó Childe.

Y sin saber muy bien como ocurrió se encontró formando parte de aquella variopinta comitiva. Un anciano envuelto en arrugas y cubierto de una gran melena gris, un hombre curtido con una poblada barba, esposado y bien atado, y un adolescente de la misma edad de Childe, ahora formaban parte de un grupo que caminaba hacia ningún sitio, donde el muchacho escuchaba con atención sus historias.

Túh, el anciano, contó como en cierta ocasión el pueblo en el que vivía de pequeño sufrió una gran peste. Relató como una nube tóxica fue borrando del mapa a todo aquello con lo que se cruzaba. Ahora esa parte del mundo expulsa gases nocivos, haciendo  de la vida imposible. Hacía 400 años de aquella gran desgracia.

-¿400 años? ¡Pero eso es imposible!- exclamó atónito.
- Aquí el tiempo no importa- respondió serenamente Hél, el adolescente.
- ¿A quién le importa lo que ocurrió hace mil años? Es ahora cuando tenemos el problema- refunfuñó Yho, el hombre.

- El problema es que eres un sucio ladrón y un bastardo- le cortó el anciano.

En un estúpido impulso, Yho intentó darse la vuelta para enfrentarse a su captor;
esta acción, obviamente, tuvo una acción de respuesta contraria, que resultó ser un pesado puño impactando contra su cara, tumbándolo en el suelo al instante.

Mientras caía, un reguero de sangre trazaba una parábola perfecta delante de su cabeza, empezando en su nariz y acabando en el furioso puño de Túh.

Childe saltó hacia un lado asustado, todo había pasado demasiado rápido. Hél observaba tranquilo la escena mientras Yho sangraba en el suelo. Túh alzo el cuerpo semi inconsciente del ladrón y le obligó a caminar.

Tanta trifulca pareció hacer olvidar a Childe la inmensidad de preguntas que llevaba acumulando desde que aterrizó en este paraje atemporal y olvidado.

- Que no vuelva a ocurrir - rugió Túh.

Yho esta vez ni se dignó a contestar, ni a mover su cabeza, siguió caminando con la cabeza agachada mientras el resto de la comitiva continuó con su charla.

- Después de aquella gran peste - explicó el anciano - todos los que sobrevivieron escaparon a otras zonas que creían seguras. Lo que no sabían es que después de la nube tóxica, llegaba el invierno...

El frío se cernía sobre el mundo. Ya no quedaba animal vivo, ya no había nada para comer, sólo nieve... fría y dura nieve. Todos esperaban que alguna vez iba a acabar. Después de cien años ya nadie esperaba nada. La madera crujía en el fuego mientras la gente contaba historias para pasar el rato. Todos tenían tiempo para hablar, todos tenían que hablar.

Al final de cada día en ese cruel y yermo mundo, nos reuníamos alrededor de la gran hoguera. Cerca del fuego se estaba tan bien. Cuando el frío se iba ya no importaba el hambre... ¡y cuánta hambre teníamos todos!
Ya solamente quedaban unos pocos en el círculo que aún no habían hablado. Se habían relatado historias fantásticas de reyes, de gigantes, de enanos, de pobres...